sábado, 11 de septiembre de 2010

Salvador Allende, un joven revolucionario

 Salvador Allende


El 11 de Septiembre de 1973 el por entonces general chileno Augusto Pinochet se levanta en armas contra el gobierno elegido democraticamente del Dr. Salvador Allende.
Ese mismo día la Unidad Popular, el frente con el cual Allende llega al poder, cumplía mil días de gobierno.
Tras varios levantamientos, campañas explicitas de golpe de estado ( tapa diario la segunda de Chile -tapa- ); la misión se completa.
El gobierno que había estatizado la producción de cobre, principal ingreso y recuso estratégicos para el pueblo chileno, el gobierno que le dio dignidad a los trabajadores rurales, a los de la industria y a los pueblos originarios, gobierno que se proponía crear el -camino chileno al socialismo-; es golpeado una vez mas.
Esta vez con un objetivo claro, derrocar al gobierno popular. Allende, junto con sus colaboradores resisten el golpe en el Palacio de la Moneda ( sede del poder ejecutivo chileno ), no lo logra. Muere esa misma noche.

Es bueno, recordar a los iconos de las luchas de la América Latina y mejor aun es recordar su legado. Allende antes de que Presidente era un militante, un cuadro político, un -viejo joven- con ideas revolucionarias como él se definía.
En este momento histórico en el cual se pone en el debate el rol que debemos ocupar los jóvenes en las luchas del campo popular, y en esta fecha tan especial, me parece oportuno recordar el pensamiento de Allende al respecto.
Este es un fragmento de una charla que da en la Universidad de Guadalajara, Mejico. En diciembre de 1972.



(...)Ser joven en esta época implica una gran responsabilidad. La juventud tiene que entender que no hay lucha de generaciones, hay un enfrentamiento social, y que pueden estar en la misma barricada de ese enfrentamiento los que hemos pasado de los sesenta años y los jóvenes que puedan tener 13 ó 20.
No hay querella de generaciones, y eso es importante que yo lo diga. La juventud debe entender su obligación de ser joven, y si es estudiante, darse cuenta que hay otros jóvenes que, como él, tienen los mismos años, pero que no son estudiantes. Y si es universitario con mayor razón mirar al joven campesino o al joven obrero, y tener un lenguaje de juventud, no un lenguaje sólo de estudiante universitario, para universitarios.
El que es estudiante tiene una obligación porque tiene más posibilidades de comprender los fenómenos económicos y sociales y las realidades del mundo; tiene la obligación de ser un factor dinámico del proceso de cambio, pero sin perder los perfiles, también, de la realidad.

La revolución no pasa por la universidad, y esto hay que entenderlo; la revolución pasa por las grandes masas; la revolución la hacen los pueblos; la revolución la hacen, esencialmente, los trabajadores.

(...) uno se encuentra a veces con jóvenes, y los que han leído el Manifiesto Comunista, o lo han llevado largo rato debajo del brazo, creen que lo han asimilado y dictan cátedra y exigen actitudes y critican a hombres, que por lo menos, tienen consecuencia en su vida. Y ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica; pero ir avanzando en los caminos de la vida y mantenerse como revolucionario, en una sociedad burguesa, es difícil.

Por eso, el dogmatismo, el sectarismo, debe ser combatido; la lucha ideológica debe llevarse a niveles superiores.
La juventud contemporánea, y sobre todo la juventud de Latinoamérica, tiene una obligación contraída con la historia, con su pueblo, con el pasado de su patria. La juventud no puede ser sectaria(...)

Porque un obrero sin trabajo, no importa que sea o no sea marxista, no importa que sea o no sea cristiano, que no tenga ideología política, es un hombre que tiene derecho al trabajo y debemos dárselo nosotros; por eso el sectarismo, el dogmatismo, el burocratismo, que congela las revoluciones, y ése es un proceso de concientización que es muy profundo y que debe comenzar con la juventud.

Los jóvenes tienen que entender, que están enfrentados a estos hechos y que deben contribuir a que se modifiquen las condiciones materiales(...)

Por eso, sin decir que la juventud será la causa revolucionaria y el factor esencial de las revoluciones, yo pienso que la juventud por ser joven, por tener una concepción más diáfana, por no haberse incorporado a los vicios que traen los años de convivencia burguesa.

Discurso completo:
http://www.abacq.net/imagineria/discur5.htm


Un fragmento de este discurso, por youtube:




Un abrazo grande a todos.

Matias
JUNTA PERMANENTE

lunes, 6 de septiembre de 2010

Subcomandante Insurgente




(...)
     Sentado fuera en un banco, la toalla secándose al sol, abro un libro que me acaban de enviar de Nueva York. Es una antología de las cartas y los comunicados escritos por el Subcomandante Marcos entre enero y junio del año pasado para el Ejército Zapatista de Liberación Nacionl (EZLN). La historia se ha contado muchas veces en todos los rincones del mundo.


Justo después de medianoche (como siempre, nos retrasamos, dice Marcos en una nota), justo después de medianoche del 1° de enero de 1994, un ejército de varios miles de indígenas, hombres y mujeres, se alzó en armas y tomo la ciudad de San Cristóbal, en Chiapas, la provincia más pobre de México, y obligaron al gobierno federal a reconocer sus demandas.



… hombres pobres como nosotros a los que se nos ha negado la preparación mas elemental para así poder utilizarnos como carne de cañón y saquear las riquezas de nuestra patria sin importarles que estemos muriendo de hambre y de enfermedades curables, sin importarles que no tengamos nada, absolutamente nada, ni un techo digno, ni tierra, ni trabajo, ni salud, ni alimentación, ni educación, sin tener derecho a elegir libre y democráticamente a nuestras autoridades, sin independencia de los extranjeros, sin paz ni justicia para nosotros y nuestros hijos. Pero nosotros HOY DECIMOS ¡BASTA!



Tras doce días de lucha –durante los cuales las fuerzas aéreas mexicanas bombardearon los pueblos que eran considerados prozapatistas- se acordó un difícil alto el fuego, que militarmente hablando se convirtió poco a poco, en un estancamiento. En un bando, el EZLN, obligado a retirarse a las montañas, pero con una parte considerable de la población campesina de su lado y con un apoyo cada vez mayor de la población civil de todo México; en el otro, el Ejército Federal, muy superior en número y en capacidad armamentística, y los ejércitos privados de los hacendados, decididos a destruir todo lo que representan los zapatistas, pero nerviosos y perplejos ante las montañas que protegen a los sublevados.

Desde esas montañas, en marzo, el Subcomandante escribe a un escolar que le ha enviado una foto de su perro:

… y entonces viene esa idea de escribirte para decirte algo que viene de eso de “profesionales de la violencia” que tanto nos han achacado. Y resulta que sí, que somos profesionales. Pero nuestra profesión es la esperanza… de nuestros despojos y rotos cuerpos habrá de levantarse un mundo nuevo. ¿Lo veremos? ¿Importa si lo veremos? Creo que no importa tanto como el saber a ciencia cierta que nacerá y que en el largo y doloroso parto de la historia algo y todo pusimos: vida, cuerpo y alma. Amor y dolor, que no solo riman, sino que se hermanan y juntos marchan.

(…)

Una lucha ideológica sin precedentes entre unos miles de hombres y mujeres sin rostro, pero verdaderos, escondidos en las montañas, y el orden mundial ¿Cómo es posible un duelo semejante, aunque “sólo fuera un momento”?

Cada vez son más quienes hoy en día se dan de cabeza con el hecho de que el futuro de nuestro planeta y lo que podrá ofrecer o negar a sus habitantes se decide en juntas directivas que controlan más dinero que todos los gobiernos del mundo, que nunca se presentan a elecciones y cuyo único criterio a la hora de tomar una decisión es si ésta aumenta o tiende a aumentar el beneficio.

Nadie, salvo los miembros de esas juntas y sus pupilos ideológicos, cree realmente, tras la evidencia de los últimos cinco años, en las promesas de la triunfante economía de libre mercado. En el fondo, la gente sabe, cuando se despierta a las cuatro de la mañana, que el sistema va a estallar por algún lado. Al amanecer, bajan obedientemente la cabeza una vez más e intentan no hundirse. Pero la duda esta empezando a brotar. Y a las cuatro de la madrugada el Subcomandante nos habla.

Me levanto del banco y avanzo por la calle a la sombra de los plátanos. No me cruzo con nadie. Empiezan a caer las primeras hojas. Al llegar a la esquina, entro en una pequeña tienda a comprar algo de comida. Un hombre un poco más joven que yo, con barba y pantalones cortos, balbucea algo al tendero, que es libanés. Entiendo que el tendero le ha dado una bolsa llena de plátanos porque están demasiado maduros para vender. Ahora el hombre esta contando lentamente la monedas que tiene que pagar por una lata. Una lata grande de comida para perros. Sus manos me dicen con toda certeza que vive en la calle. El Subcomandante explica porqué es adicto a las posdatas:

Resulta que uno siente que algo se queda entre los dedos, que algunas palabras andan todavía por ahí buscando acomodo entre frases, que uno no acaba de vaciar los bolsillos del alma, pero es inútil, no habrá posdata que abarque tantas pesadillas… y tantos sueños…


John Berger
 
 
Por Analía Godoy