jueves, 26 de agosto de 2010

Desde los satelites....

Fotografía real del telescopio espacial Hubble, orbitando alrededor de la Tierra.


"...estructuras cada vez mas poderosas, perversas y complejas crean esquemas de analisis voluntariamente mas omnubilantes y vedadores de ellas mismas. 

Esquemas que nos atraviesan, nos forman, circulan y continúan trazantes, a traves de todo el mundo, en fatidicos días de 24 hs..."




DESDE-LOS-SATELITES   una barricada para pedirle a la realidad una explicación.



solo una reflexión, con un poco de mística revolucionaria...

saludos,
elmellinico

miércoles, 25 de agosto de 2010

Viejas compotas que no dan respiro…

Hola amigos, en esta entrega que se viste de gala daremos comienzo a la excelentisima, nacional y popular sección ¨Se lo dice un compañero¨, en la cual se realizaran posteos enviados por nuestros lectores interesados. Renovamos la invitación para aquél que tenga ganas de enviarnos el suyo.
Ahora si, pasemos a lo que nos trae, que lo disfruten:





¨Viejas compotas que no dan respiro…¨









Cuando una palabra, un concepto, una idea tiende a aparecer sistemáticamente en el discurso de un candidato político llama nuestra atención y nos pone a reflexionar sobre los mismos. En este caso, una idea presente la campaña presidencial de Eduardo Duhalde despertó mi interés y motivó estas líneas: es la idea de la “armonía social”.
La perorata duhaldista de un “crecimiento sin conflictos”, de una “Argentina unida” que se ha convertido en su caballito de batalla (electoral) es el discurso típico de la derecha política no solo en nuestro país sino a lo largo y ancho del mundo. Pero centrándonos en la realidad más cercana –que me hará ignorar por un momento que Hitler también llego al poder en 1933 prometiendo la armonía y la unidad de Alemania- quisiera mostrar que son los mismos argumentos que aparecen en las arengas y sermones de dos de las instituciones más rancias del país: la Sociedad Rural y la Iglesia Católica.
Duhalde y el arco de la derecha política e ideológica, adonde también podríamos incluir el discurso de los diarios tradicionales, utilizan estas ideas y conceptos para criticar el gobierno kirchnerista al responsabilizarlo de la conflictividad social en la Argentina. La promesa de la armonía social parece ser una especie de conjuro contra las divisiones y contradicciones que la sociedad ha desplegado más abiertamente en los últimos años.
Pese a que no es errada la percepción de Duhalde de una sociedad aquejada por la lucha política y social, algo huele mal en toda esta cuestión y entonces es necesario desenterrar los marcos teóricos e ideológicos que sustentan estas concepciones. Allí es donde encontramos el “muerto”: la noción de que la sociedad es un ente esencialmente armónico y que por lo tanto el conflicto es un fenómeno exógeno a la misma.
Ya Karl Marx y todos los pensadores que han retomado y desarrollado su pensamiento hasta nuestros días reconocen que esto es una falacia: la sociedad capitalista moderna consta de dos clases que se enfrentan en el terreno de la producción y, en la medida de lo posible, también en el terreno político por el reparto de la riqueza social. Desde esta postura, vemos que nunca puede haber una sociedad donde reine la calma y la concordia: el conflicto es la esencia misma de la sociedad y ésta se reproduce a través del antagonismo.
Negar este hecho y proponer en cambio que la sociedad es naturalmente armónica y el conflicto es un fenómeno exterior tiene, creo yo, por lo menos dos fundamentos teóricos reconocibles. Por una parte, el marco teórico del liberalismo clásico: la idea de que la sociedad es un conjunto de individuos aislados que se relacionan a través del mercado. En esta matriz liberal, el mercado dejado a su arbitrio y actuando libremente (la mano invisible como la llamaba Adam Smith) podría generar automáticamente la concordia social al satisfacer todas las necesidades e intereses de los individuos. Por otra parte, el conservadurismo: desde esta matriz ideológica se piensa a la sociedad como un todo orgánico, como un cuerpo en el cual cada una de sus partes cumple una función. Es un marco teórico que ve su ideal no en la sociedad industrial sino en la sociedad medieval unida por los lazos que vinculaban a la aristocracia con los campesinos siervos. Desde este punto de vista la sociedad funcionaría armónicamente en tanto que lo hiciese a través de los lazos de dependencia tradicionales: las clases dominantes gobiernan a las clases dominadas en un orden siempre igual a sí mismo.
Trazando algunas líneas podríamos proponer que la Sociedad Rural y el diario La Nación podrían ubicarse –¡que novedad!- dentro de la matriz liberal mientras que la Iglesia Católica y las elites políticas tradicionales dentro de la matriz conservadora. Ambos, liberales y conservadores, que en principio están muy alejados en sus posicionamientos, se tocan en el punto señalado: consideran el conflicto una fuerza exterior que irrumpe en el armonioso devenir social. Hoy se piensa desde estos sectores que el gobierno K es el germen de la discordia en una sociedad “sana”.
Cuando una palabra, un concepto, una idea tiende a aparecer sistemáticamente en el discurso de un candidato y de una fuerza política deberíamos pensar en profundidad qué es lo que nos quiere decir. Y esto va más allá de un juego de palabras o de un mero ejercicio intelectual. En realidad lo que deberíamos preguntarnos es: en una sociedad en la cual la conflictividad es inherente a las relaciones económicas y políticas que la reproducen, lograr la concordia, ¿no significaría desde cualquier punto de vista acallar uno de los polos del conflicto? Y visto que ambas matrices de pensamiento –tanto el liberalismo como el conservadurismo- tienden a favorecer a los económicamente poderosos ¿no es DEMASIADO OBVIO cual va a ser el polo del conflicto acallado en aras de lograr la tan preciada armonía social?



Analía Godoy