jueves, 30 de septiembre de 2010

Y después pedirán que vuelvan a dictar, solo por seguridad






El Plan CONINTES –Conmoción Interna del Estado- fue un plan represivo llevado adelante por el estado nacional hacia finales de la década de 1950, y es célebre por haber tenido el dudoso privilegio de ser uno de los antecedentes directos del Proceso de Reorganización Nacional.


Sancionado en 1958 con el acceso a la presidencia de Arturo Frondizi, fue puesto en funcionamiento en 1960 con la declaración del “estado CONINTES” que implicaba la suspensión de los derechos y garantías que reconoce la Constitución –derechos y garantías que, vale aclarar, la Revolución Fusiladora había venido a garantizarle a los argentinos en 1955-. En este sentido se procedió a la militarización de la sociedad civil: la policía fue puesta bajo el mando de las Fuerzas Armadas y los detenidos durante el plan CONINTES, juzgados por tribunales militares.

CONINTES tiene como sustancia básica la represión de un pueblo trabajador que luchaba por el retorno de Perón y fundamentalmente por sus condiciones económicas y sociales frente a los intentos –que luego serían cada vez más apremiantes- de racionalización y modernización económica. Su carácter clasista, entonces, no puede ocultarse.

El siguiente hito en la línea de tiempo que describe la intervención de las Fuerzas Armadas para la represión de la movilización de los sectores populares lo ocupa la llamada “Doctrina de Seguridad Nacional”. La misma, consiste en desplazamiento en el papel de las Fuerzas Armadas: desde la defensa contra enemigos externos se pasa a poner el énfasis en los “enemigos internos”. Y los enemigos internos de los altos mandos de las Fuerzas Armadas que, actuando como artífices de los intereses de los sectores más concentrados de la burguesía argentina, pretenden “modernizar” y “racionalizar” la estructura productiva, eran quienes iban a salir perdiendo de esta transformación: los trabajadores. Nuevamente, el mismo carácter clasista que luego revestirá el Proceso.

Para datarla podemos tomar el año 1964, cuando Juan Carlos Onganía adscribe a la misma en una de las Conferencias que organizan las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos para adiestrar a los ejércitos latinoamericanos en la lucha contra la subversión. (Sí, digo “subversión” aunque sea políticamente incorrecto, porque no veo el carácter oprobioso de pretender subvertir las condiciones de desigualdad que existen en la sociedad)

Entonces, en el contexto de amplia movilización de las clases populares que ningún fusilamiento pudo frenar, la transformación de la estructura productiva se tenía que imponer con sangre y esta tarea debía ser cumplimentada por las Fuerzas Armadas, como descubrieron los generales y los empresarios que los apoyaban. Dado que son harto conocidos los desarrollos más macabros de esta línea que estamos trazando, consideré interesante indagar “los comienzos”: “el huevo de la serpiente” del Proceso, CONINTES y La Doctrina de Seguridad Nacional.

¿Y por qué? Porque en los últimos tiempos y a raíz de la problemática de la inseguridad se han presentado algunos proyectos que parecen sacados del mismo armario con olor a naftalina del que se puede exhumar CONINTES y la Doctrina de Seguridad Nacional y que retoman una línea de desarrollo que preferí terminar en la Dictadura Militar.

En efecto, el proyecto de Chiche y Eduardo Duhalde de declarar la “Emergencia Nacional en Materia de Seguridad” apunta a que las Fuerzas Armadas vuelvan a cumplir funciones de seguridad interior. A la par, que otros proyectos se dirigen en el mismo sentido al buscar reimplantar una especie de Servicio Militar que esta vez no sería militar sino Cívico y Voluntario pero utilizando las instalaciones del Ejército como forma de contener –o quizá mejor dicho, vigilar y castigar- a adolescentes en situación de riesgo: osea adolescentes pobres. Mientras tanto, los medios de comunicación construyen una realidad de muerte permanente y generan un temor ciego en la opinión pública favoreciendo entonces a quienes hoy están usando el miedo como principal arma política.

Se equivocan aquellos que dicen que “el miedo no es tonto”, el miedo no sólo es siempre tonto sino que en la Argentina de nuestros días, también es desmemoriado.


Analia Godoy

3 comentarios:

  1. muy bueno.!!!
    A travez del miedo,nos quieren manipular.

    ResponderEliminar
  2. Es peligroso los leves virajes que se hacen tapando con comparsa para que no se noten o pasen desapercibidos esta pequeñas cuñas que se van metiendo en el pensamiento de la sociedad

    ResponderEliminar
  3. Siempre se regresa a los mismos metodos, si vemos quienes están detrás de esto, es facil entenderlo.

    ResponderEliminar

Esperamos sus opiniones...